Lo que me ha enseñado Lucía

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Lucía, nuestro pequeño gusanito de luz está a punto de cumplir ocho meses y yo aún no salgo de mi asombro ¿Cómo pueden un par de células enamoradas desarrollarse hasta convertirse en un ser humano hecho y derecho? En fin, no me enredo en reflexiones filosóficas y voy al grano. En estos ocho meses he aprendido mucho, muchísimo, y no hablo solo de las mejores posturas para hacer eruptar a un bebé o cómo hacer que salgan las manchas de plátano de las camisetas.

He aquí una lista de las cosas más importantes que me ha enseñado Lucía desde que llegó a mi vida:

  • A vivir un día a la vez
  • A improvisar más y planificar menos. (Total los planes con un bebé sirven para muy poco).
  • Lo interesantes que son las hojas de los árboles movidas por el viento.
  • A cantar más, a cualquier hora del día y en cualquier lugar.
  • A hablar con extraños. (Parece ser que cuando tienes un bebé en brazos las convenciones sociales se modifican).
  • A recordar lo increíble que es el cuerpo humano: dedos, manos, ojos, cabello, piel.
  • A perder mucha, pero mucha vergüenza.
  • A ser más selectiva con lo que veo en la televisión. (El tiempo libre no está como para desperdiciarlo.
  • A usar más la mano izquierda (ahora soy como Rafa Nadal)
  • A estar más en contacto con la madre tierra. (Me paso el día arrastrándome por el suelo y gateando)
  • A hacerme un poco más amiga de los perros y de los gatos.
  • A no tenerle tanto miedo a los germenes.
  • A contemplar en admiración las cosas más triviales: el agua, el papel, los cierres de las sudaderas, las etiquetas.
  • A darme cuenta de que…
    – Dormir, comer y jugar son igual de importantes. A decir verdad, son lo único importante.
    – Todos los bebés del mundo se parecen, y sin embargo cada bebé es único.
    – Todos los clichés sobre el amor maternal, son ciertos y sí, le debemos mucho a nuestras madres.

Tango para dos

Pongamos que me he enamorado locamente. Pongamos que voy con mi psicólogo de confianza y le cuento… que desde hace tres meses que conocí a esta persona, no duermo ni como bien; casi no veo a mis amigos, pienso en ella constantemente y me paso el día intentando hacerla feliz. Por supuesto mi psicólogo me dirá que abandone inmediatamente esa relación obsesiva y autodestructiva, y tendrá razón. Mi relación sería una relación patológica de manual, si no fuera porque la persona en cuestión, es mi hija.

Desde que llegó a mi vida, con la primavera australiana, mi pequeña luciérnaga ocupa gran parte de mis pensamientos, y casi todo mi tiempo. Durante los primeros meses al menos, es inevitable, las madres tenemos que hacer a un lado nuestras necesidades físicas y emocionales, para volcarnos en ese pequeño ser que necesita de nuestra ayuda para sobrevivir.

Así pues, querámoslo o no, una relación madre-hija, es en sus inicios una relación de dependencia, en la que uno de los implicados (sobra decir que es el adulto) da “desinteresadamente” su tiempo, su energía, y su atención, sin recibir nada, o poca cosa a cambio. Hay quienes pueden alegar que los niños lo pagan todo con una sonrisa, pero la verdad de las cosas es que solo para compensar seis horas de contracciones, ya tendría que pasarse sonriendo el resto de la vida.

¿Cómo entonces lograr transitar sin tanto drama de aquí donde estamos ahora, a una relación madura, independiente y positiva que nos haga crecer a las dos y en definitiva, ser más felices y plenas como personas? Complicado ¿eh? Este dilema me ha inundado desde que supe que iba a ser madre. Porque si hay algo que no me cuadra nada es esa estampa de madre abnegada y sacrificada que lo da todo por sus hijos, simplemente porque no creo que ese sacrificio sea honesto y desinteresado, sino que normalmente viene como un préstamo con intereses altísimos, que no se termina de pagar nunca; y porque yo no he traído una niña al mundo para sufrir.

Por otra parte, el verdadero problema está en que el sacrificio es real e ineludible, es verdad que uno lo da todo por ellos y aguanta dolores indescriptibles y desveladas continuas y acumulables, y vomitonas en sus blusas favoritas, porque viene con el paquete. Así que, en un intento por huir del molde de la madre del “10 de mayo”* al que tanto le temo, pero al mismo tiempo entender la transformación real y profundísima que viene con los niños, como los panes debajo del brazo, he pensado lo siguiente.

photo by: http://www.leeq.com/baby-tango-23054/

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Estas son mis cuatro reflexiones sobre la maternidad, a ritmo de tango …

1. La cumparsita

Nunca he creído en eso del amor a primera vista, nunca lo he experimentado en carne propia, y con mi hija, tampoco. Ese momento mágico que muchas mamás describen, cuando te ponen al bebé sobre el pecho y deja de llorar y comienzas a sentir un amor infinito y desbordado, no ocurrió conmigo. Lo nuestro ha sido más una relación que se ha ido cocinando a fuego lento, con miradas nocturnas, sonrisas de medio lado y muchas, muchas horas de intimidad. Creo que para mí la primera revelación vino al darme cuenta de que esa criatura tan chiquitita tenía ya desde el día uno su propia personalidad y que intentar comprenderla cuanto antes iba a ser clave para nuestro futuro. Que esto era un “tango para dos” y no un “ella baila sola”.

2. Culpa mía

Con un bebé es difícil no tomárselo todo personal, pero poco a poco uno se da cuenta de que ese pequeño ser humano tiene vida propia, en toda la extensión de la palabra, y que sus manifestaciones no siempre tienen que ver con lo que uno hace o deja de hacer. Como cuando descubrimos que esa sonrisa hermosa de por las mañanas no era una muestra de felicidad y complicidad, sino el preámbulo de una sonora cagalera. O que el hecho de evadir nuestras miradas y llorar desesperadamente no significaba estoy harta de ti y ya no te quiero ver, sino estoy agotada y necesito dormir. Pero como humanos estamos tan acostumbrados a interpretar lo que el otro hace como una muestra de amor o desprecio hacia nuestra persona, que a veces pasamos por alto las verdaderas motivaciones y necesidades del otro.

3. Milonga de mis amores

Que no hablemos aún el mismo lenguaje, no significa que ella no tenga nada que decir. Como en cualquier relación, el código no verbal es fundamental para entender a la otra persona. Las señales son sutiles y cambiantes, pero con un poco de paciencia uno va aprendiendo a descifrarlas, y es fundamental hacerlo, porque en una relación no hay nada peor que ignorar las necesidades del otro.

4. Volver

Quizás una de las cosas más difíciles de entender para una mamá primeriza como yo, es que esa pequeña criatura que tanto necesita de mí, también necesite a veces estar sin mí. Es un hecho que los bebés también se cansan de verte la cara todo el santo día, que necesitan su espacio para pensar en sus cosas, descubrirse los dedos de los pies o simple, y sencillamente, mirar a la pared por un largo rato. Descubrir esto significó un alivio para mí y una oportunidad para utilizar ese tiempo libre en otras cosas. Aunque, como en cualquier relación lograr el equilibrio entre amor y libertad, no es tarea fácil, pero estamos trabajando en ello.

 

* El 10 de mayo es el día de las madres en México. Generalmente se celebra con odas a la madre sacrificada y perfecta que nos crió.

Terapia musical

 

Encontré el tiempo para escribir este artículo el día en que me vi forzada a esperar durante más de una hora a mi marido en un café, tras olvidar mi teléfono en casa, sin más recursos para entretenerme que una pluma y un cuaderno; la situación perfecta para escribir lo que quería escribir.

Hace casi un año pedí como regalo de cumpleaños un tocadiscos, y desde entonces la experiencia con el susodicho aparato ha sido hermosa y reveladora. Lo primero que sucedió fue que después de años y años de no hacerlo, me reencontré con el placer de escuchar música de forma atenta y dedicada; de forma total. Volví a escuchar música con los oídos bien abiertos y los ojos cerrados, a escuchar música como una adolescente tirada de espaldas en el salón, escuchar música mirando al techo y moviendo los pies al compás, escuchar música pensando en nada más que en la música. Escuchar pues, en el sentido más amplio de la palabra escuchar, como una experiencia ritual, profunda y placentera. Escuchar a Billie Holiday respirando cerca del micrófono, y escuchar el salto de la aguja en la cicatriz de aquella herida que el disco, heredado de mi padre sufrió la primera vez que salió de su funda para ser mostrado con orgullo triunfal a los amigos.

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Siempre he sido una romántica, pero tampoco soy de las que piensa que todo tiempo pasado fue mejor. Groovsharke, Spotify, y compañía son la tierra prometida para los que amamos la música. La primera vez que entras, te sientes como Aladino en la cueva del tesoro. Pero, ante la abundancia casi infinita de recursos, ante la posibilidad de escuchar lo que sea, cuando sea, y dónde sea, me siento a veces perdida; saltando de un artista a otro, de una canción a otra. Todo se vuelve un skip, forward, fast, rewind, play, zap, stop, play, o para decirlo en español, un ir y venir, subir y bajar, sin acierto ni concierto.

Flotamos por la estratósfera de bits, sin gravedad. Nuestra atención se divide y se diluye entre seis ventanas de navegador y cuatro programas que mantenemos funcionando simultáneamente, tres cuentas de correo, mensajes de texto, Facebook y Twitter, Watsup, Instagram, y todos los etcéteras tecnológicos que nuestra computadora sea capaz de aguantar.

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La era de la tecnología computarizada en que vivimos es la perdición para un número creciente de individuos que sufrimos en distintos grados, de déficit de atención. El multitask nos invita y nos refuerza una conducta dispersa. Somos como un niño solo en una dulcería y día tras día, lo tocamos todo, lo lamemos todo, nos lo llevamos a la boca, le damos un mordisco y lo dejamos a un lado en cuanto vemos otro dulce más llamativo, más colorido, más brillante.

Pues bien, he encontrado que escuchar música atentamente puede ser una práctica terapéutica para contrarrestar los efectos de esa vida de saltos constantes a la que nos vamos acostumbrando. Efectivamente, la tarea de escuchar un viejo disco de principio a fin, con sus canciones buenas, malas y regulares, con sus saltos y ralladuras, con sus tonos altos, medios y bajos, es un ejercicio de paciencia y atención. Aquí no hay adelantamientos, no hay control remoto. Hay que sacar el disco de su funda, limpiarlo, ponerlo y darle vuelta tras ocho o diez canciones. Entonces uno se vuelve más cuidadoso y selecciona con esmero lo que quiere escuchar. Ya no se trata de tenerlo todo, sino de exprimir lo que se tiene y disfrutarlo en cada una de sus facetas, sabérselo casi de memoria para después descubrirle nuevos ángulos, domesticarlo, y en fin, amarlo.

La gramática es para los extranjeros

Todo aquél que haya intentado aprender una segunda lengua se habrá topado con esa muralla china llamada gramática. En un principio parece infranqueable, pero poco a poco, y casi siempre con muchas horas de estudio, conseguimos conquistarla y con la práctica, y el paso del tiempo, la asimilamos tan bien que dejamos de pensar en ella y comenzamos a utilizarla de forma intuitiva.

Cuando mis alumnos me preguntan si creo que el español es más sencillo que el inglés o si creo lo contrario, yo siempre digo que la lengua más complicada es la que uno está aprendiendo, para mí el inglés, claro, para ellos el español. Lo que quiero decir es, que por muy compleja que sea la gramática de nuestra lengua materna, cualquier hablante nativo, incluso sin haber asistido a la escuela es capaz de utilizarla con relativa corrección.

Claro que uno no puede darse el lujo de aprender una segunda lengua de la misma forma en que aprendió la primera, eso implicaría que viviéramos un promedio de cinco o seis años expuestos continuamente a esa lengua como nos pasó con nuestra lengua materna. Así que, con las segundas lenguas normalmente vamos directamente al grano y aprendemos la gramática en las academias desde el día uno, sin pasar por ese período de “sensibilización” e interiorización natural de las reglas.

Lo curioso es que precisamente por este sistema “invertido” de aprendizaje, a final de cuentas nos encontramos muchas veces conque los extranjeros conocen mucho mejor la gramática de nuestra propia lengua que nosotros mismos.

Sucede que, como hablantes nativos, casi siempre damos por hechos muchos aspectos de la lengua y nunca nos planteamos si son correctos o no. La gramática no es otra cosa que la reflexión sobre cómo está organizada, y cómo funciona una lengua. Y resulta que, nosotros pocas, poquísimas veces hacemos esa reflexión.

En palabras de Manuel Seco: La gramática nos transporta más allá de nuestra habla para mostrarnos el sistema o engranaje en que esta se mueve: la lengua. Y desgraciadamente, en nuestra habla cotidiana, a veces algunas piezas del engranaje están desajustadas o simplemente no están.

Las simpáticas antípodas

Vistas de Melbourne al otro lado del Río Yarra

Cuando Javi me dijo que tenía una oferta de trabajo para venir a trabajar a Melbourne, Australia, primero, no le creí, pero más adelante, cuando la propuesta se materializó y tuvimos los boletos de avión en la mano, comencé a pensar cómo sería ese lugar llamado Australia, tan desconocido para mí. La verdad es que no tenía muchas expectativas al respecto porque mi desconocimiento era tan profundo que no me daba para hacerme mucha idea de nada. De lo que no cabe duda es que lo que encontré aquí al llegar fue una ciudad 5 veces más grande de lo que había imaginado. Quizás es que me había acostumbrado a la vida de pueblo en Cambridge, o quizá se cumple la ley física de que a la distancia los objetos siempre parecen más pequeños. Pues bien, el caso es que tras un viaje de 24 horas con una corta escala en Dubai, aterrizamos en esta ciudad llamada Melbourne y aturdida aún por el jet lag (sí, es una disculpa anticipada) comencé a escribir esta “bitácora” de mis primeros días en esta gran ciudad….

Skydiving en St. Kilda Beach

BITÁCORA ESPACIAL DÍA 001
– Los nativos presentan conductas similares a los ingleses respecto al clima, visten shorts y chanclas a pesar del clima fresco y lluvioso.
– Los individuos son sospechosamente amables en los restaurantes y servicios en general ¿Será que hay que dejar propina? aún no lo sé.
– El conductor del taxi que nos recoge en el aeropuerto nos indica las dos grandes premisas para integrarnos con los Melbournianos: Escoge un equipo de fútbol (Aussie rules of course) y cómprate una buena barbacoa (en mexicano: brasero para asar carne). Más adelante, se desvía un poco de la ruta y hace una escala en el lugar donde tendremos que comprar las salchichas para la barbacoa, al parecer un dato muy importante a saber.

Una muestra de la alegría serbia en el festival cultural de Melbourne

BITÁCORA ESPACIAL DÍA 002
– En el centro de la ciudad el servicio de atención a los turistas es impartido por los ancianos. Es una idea genial ¿Quién con más tiempo, paciencia y sabiduría podría desempeñar mejor este trabajo?
– La comunidad Tailandesa y la Griega son gigantes. En especial el porcentaje de asiáticos viviendo en el territorio se nota claramente en el número de sushis, woks y noodles bars, etc, etc, que están por todas partes.
– ¡Cuidado con el tranvía! Viene por donde menos te imaginas.
– ¡Alegría! El agua se puede beber de la llave también y es dulcecita. Adiós al agua pesada, llena de cal de Inglaterra.
– Los Melbourianos presentan una clara tendencia a estar buenorros y tostaditos, tanto ellos como ellas visten camisetas de tirantes y shorts y los resultados del gimnasio y la vida de playa son evidentes. ¡Maldita sea! ¿es que voy a tener que inscribirme al gimnasio?

Port Melbourne

BITÁCORA ESPACIAL DÍA 003
– El sol en esta parte del planeta es abrasador. Alguna fuente no autorizada nos había advertido de esto antes de venir, pero aún así nos ofrecimos como sujetos de investigación y comprobamos en nuestra propia carne que 40 minutos bajo el sol Melbourniano pueden producir quemaduras tipo cangrejo, sobre todo en el güerejo de mi marido.
– Sabes que estás en una ciudad cosmopolita cuando vas a un restaurante italiano y te atiende un pakistaní, vas a un restaurante indio y te atiende un chino, vas a una panadería francesa y te atiende un griego y así sucesivamente hasta el infinito y con todas las combinaciones posibles.
– Los nativos presentan una tendencia visible al anarquismo. Una tarde fui a un café, me dijeron que cerraban a las 8, al día siguiente volví a las 7 y el sujeto estaba recogiendo. Pregunté ¿no cerraba usted a las ocho? Sí, me contestó pero es que hoy está muy tranquilo, así que me voy ya. El sujeto solo es una muestra aislada, pero parece ser una práctica usual entre los habitantes del territorio.

Un lindo ejemplar de la fauna local

… y bueno… después de casi 5 semanas algunas cosas me van pareciendo cada vez más normales (como siempre ocurre). Pero aún hay cosas que saben raro, que huelen raro o que tienen un aspecto diferente. Pero esa es la riqueza de conocer lugares nuevos, que las cosas cotidianas ahora te sacuden un poco los sentidos y el yogurt ya no sabe a lo que tu sabías que sabía.

Afortunadamente el balance de nuestros días en esta ciudad es bastante positivo. Como dijo un personaje local… “Melbourne is a long way from anywhere else. Thank God it’s a wonderful place to be” And I totally agree with him.

La muerte de la muerte

Cada uno de los seis años que he pasado fuera de México he recordado con cariño y melancolía el día de muertos. Cada noviembre me digo que me encantaría estar allí. Me vienen a la mente…  los altares con las fotos de los abuelos, el sabor del chocolate y el pan de muerto (que por si alguien se lo pregunta, no, no está hecho de muerto sino de harina, azúcar, naranja y canela), el olor de las velas y las flores de Cempazúchitl, los colores del aserrín tintado, el movimiento de los cordones llenos de papel de china picado, la imagen de la fruta ofrendada en los platos de barro y una calaverita de azúcar con mi nombre y el de mis seres queridos.

Pequeño altar de muertos de Aranza 3

En resumen, es la imagen de una muerte rica y dulce que después de llevarnos nos da permiso de volver cada día 2 de noviembre a comer y festejar con aquellos que nos recuerdan. ¿Puede haber una muerte más benigna que ésta, nuestra muerte mexicana que se viste de colores, se pinta los labios de hueso y usa sombrero ancho para protegerse la piel? ¿Puede haber algo mejor que esta muerte que nos permite jugar con ella, caricaturizarla, hacerle bromas y hablarle de tu a tu como si fuera una cualquiera?

“Sueño de una tarde dominical en la Alameda Central" de Diego Rivera. Foto de Conchita Cisneros

A pesar de su deterioro a través de los años (ya tengo una edad para poder decir…. “cuando yo era joven el día de muertos era una cosa muy bella que la gente se tomaba muy en serio”) el día de muertos sigue siendo una gran fiesta para muchas personas en México y este año, con todo el dolor de mi corazón me la he vuelto a perder. También es verdad que, como parte del proceso natural de las tradiciones ésta ha ido cambiando y quizá incluso se ha ido perdiendo poco a poquito con el tiempo, pero ese es el menor de nuestros problemas en comparación con lo que voy a describir a continuación.

Pues resulta que esta mañana me he encontrado en ese pozo sin fondo que es el Facebook con esto…

Al principio no me gustó la idea de que nuestras queridas calaquitas se desprendieran de esa imagen festiva que siempre han tenido para vestirse de luto (que paradoja) y protestar por la violencia. Pero de pronto me di cuenta. Por mucho y muy profundo que a mi me duela, quizá es momento de aceptar que en México la muerte ha dejado de ser nuestra amiga.

Tzompantli (pared de cráneos) del museo del Templo Mayor, México DF.

Ayer mismo leía otra noticia más que daba cuenta de otros 26 muertos encontrados en una de las principales avenidas de Guadalajara. Los cadáveres estaban todos amontonados, atados de pies y manos dentro de unas camionetas. Solo un día antes otras 24 personas habían sido asesinadas en Sinaloa. Para mi esto es prueba suficiente. La muerte ha dejado de ser nuestra amiga. Esta muerte que campa a sus anchas por mi país no tiene nada de poética ni de tradicional y me duele, me duele por todas partes. Por la forma en que hemos corrompido esa relación de siglos con ella, por lo que significa que la muerte no venga ya nunca en son de paz a buscarnos a los mexicanos, sino violentamente, injustamente y cabronamente, como si no nos conociéramos de nada.

 

Más fotos del día de muertos en México

http://www.mexicodesconocido.com.mx/haz-tu-propia-ofrenda-de-dia-de-muertos.html

http://www.chilango.com/general/nota/2010/11/03/dia-de-muertos

 

 

Oda (razonada) a la bici

Recuerdo esos días en que andar en bici era de pobres, gente que no tenía para comprarse un coche o quizá ni siquiera para pagar el camión (bus) y se veía obligada a usar sus extremidades inferiores para desplazarse, sin más gasolina que una lata de cocacola y sin más accesorio que, en algunos casos y por necesidades comerciales, una carretilla o carrito, a saber, de… helados, elotes, tejuino, herramientas de jardinería, afiladores o lo que correspondiera a su humilde profesión. De esos tiempos de los que hablo, probablemente de un poco antes, proviene el término “pueblo bicicletero” que tan alegremente se usa en México para aludir, por supuesto de forma despectiva, a las poblaciones, generalmente pequeñas en las que la bici es el principal medio de transporte.

En esta ciudad en la que habito ahora, llamada Cambridge, tan llena de gente eminente, de profesores togueados, de futuros genios y distinguidas damas, andar en bici es una cosa de mucho caché. Hombres trajeados, mujeres emperifolladas, chicas con minifalda, tacones y sombreros y canastitas con flores, además de deportistas con los equipos más modernos, pasean por la ciudad en unas bicicletas hermosas con todos los aditamentos que puedan ser necesarios, o no tan necesarios.

Ya me venía dando cuenta desde hace algún tiempo de que lo de andar en bici está de moda, no es de extrañar, es un medio de transporte que representa muchos de los valores buscados en nuestra generación, y aunque a veces me da la impresión de que la actitud pro-ciclista raya en el esnobismo, también pienso que ojalá todos los esnobismos fueran así de útiles y benignos.

Por otra parte, y pese a lo muy desarrollada y modernizada que pueda estar la industria bicicletera, hay algunas cosas con las que un ciclista debe aprender a convivir y que son la parte menos romántica de esta historia de amor. Concretamente en Cambridge, desde que yo me uní a las ordas ciclistas hace algunos meses he encontrado lo siguiente:

 

La lluvia.
No importa cuanta ropa impermeable tengas, la lluvia es el gran enemigo del ciclista. Por no hablar de la nieve que hasta ahora no he tenido el disgusto de conocer en estas circunstancias.

Los mosquitos y otros bichos.
Dicen que puedes distinguir a un ciclista feliz porque sus dientes están llenos de mosquitos. Hasta allí bien, porque los puedes escupir, pero los muy desgraciados se meten también en la nariz y en los ojos y eso sí que es una cabronada.

Los motociclistas que se creen ciclistas.
Una moto es de lo más peligroso para una bici porque va por los mismos lugares que ésta pero a muchísima más velocidad.

Los peatones que se creen ciclistas
… y van por el carril bici

Los peatones que se creen vacas
…. y van por la calle y no se quitan aunque les pites

El viento
Especialmente en esta Isla el viento muchas veces es un incordio y cuando vas en la bici, vayas hacia donde vayas se las arregla siempre para darte de frente. Diooos aquí se comprueba la fuerza de la resistencia que mi profe de física pretendía enseñarme en la prepa.

Los reductores de velocidad.
No se a qué psicópata asesino se le ocurrió el diseño de estos reductores de velocidad o lo que asñ%$·Q”%$$ sean, pero mi primera caída en bici fue en uno de éstos y creo que no soy la única porque justo el día que fui a tomar la foto este niño salía volando por los aires.

Los escaparates.
Es un peligro para mi integridad física andar en bici por el centro de la ciudad. Allí donde hay un escaparate hay una probabilidad de accidente para una mujer (siento la generalización, chicas).

Perderse.
Para una desorientada nata y crónica como yo andar en bicicleta es una forma de perderse mucho más rápidamente y de recorrer distancias que a pie nunca haría, pero sin GPS, lo que quiere decir que un día de estos sin saberlo me salgo de La Isla.

Los pedestrian
Y por último una cosa que intento recordar siempre y que creo que a veces se nos olvida cuando nos subimos a nuestras dos ruedas es que todos, antes que ciclistas somos peatones, y que no podemos ir por las calles, aceras y parques como si fuéramos un ser superior solo porque vamos sobre ruedas.

Atrevimiento

Siempre he considerado que llamarse a sí mismo maestro es un atrevimiento, pero es así como llamamos en México a los que ejercen la profesión de profesores. Por otra parte, profesor es también una palabra grande, quizás por lo que tiene de profeta. Pero, finalmente de algún modo hay que llamar a los que deciden (decidimos) dedicarse a compartir lo que saben, con otras personas. Pues bien, me anuncio públicamente como profesora en Reino Unido y para ello cómo no, he hecho una pequeña web que les comparto a continuación….

www.spanishincambridge.co.uk

Lo curioso es que esto me ha servido como ejercicio de análisis. Es una de las ventajas, aparte de la obvia promocional, de hacer una web. Ahora tengo mucho más claro qué tipo de clases quiero dar y cómo quiero hacerlo.

Sugerencias, críticas, halagos, quejas, comentarios y correcciones son muy bienvenidas.

La Mudanza

Este lindo caracol con su casa a cuestas es cortesía de: kukudrulu from flickr

Podría haber titulado este post: “Cambiando de Casa” que es como diríamos en México, pero la palabra mudanza describe más cercanamente esta sensación como de serpiente que se desprende de su piel alegre, pero dolorosamente.

La diferencia entre cambiarse de casa y mudarse está muy clara para mí. Yo me he cambiado de casa por lo menos 10 veces desde que tengo conciencia, 2 de las cuales cambié también de ciudad y una más de país y contienente; pero esta es realmente mi primera mudanza. Es la primera vez que soy responsable, dueña y señora (junto con mi marido, claro, a partes iguales, por bienes mancomunados) pero al fin y al cabo dueña de todo el contenido de una vivienda, desde la cama hasta el pelapapas y la escobilla de labar el baño.

Pues bien, para mudarse físicamente, hace falta también hacer un gran cambio mental. Para mí este cambio tiene 4 claras etapas, que describo a continuación:

Etapa 1: El doloroso desprendimiento

… o lo que es igual: Todo sirve … o…. ¡Pero cómo voy a tirar esto!

Sucede cuando comienzas a empaquetar las cosas y te das cuenta de lo apegado que puedes estar a las maś grandes y pequeñas tonterías. Este sentimiento, heredado de nuestros antepasados sedentarios, viene de aquella época en que los muebles de roble y la cubertería de plata pasaban de generación en generación, a veces incluso grabados con las iniciales de la familia. Ahora ya nadie (o casi nadie) hereda nada, pero el sentimiento persiste hasta nuestros días, hasta esta era de IKEA y made in China en que, sin embargo, cuesta más transportar un plato que comprarlo nuevo.

Pero a esta fuerza conservadora que es más grande o maś pequeña según también la personalidad de cada uno, se opone otra fuerza derrochadora, proveniente de nuestra cada vez más fehaciente condición de nómadas. La famosa obsolescencia programada nos trae a la conciencia que no vale la pena conservar y mucho menos transportar las cosas que tienen un tiempo de vida tan corto, cosas que tienen “la hora marcada”…. es así como comienza la ….

Etapa 2: La toma de conciencia: ¿Qué hacemos con todo esto?

Después de dos días de clasificar, empaquetar, limpiar y embalar cachivaches comienzas a relativizar el valor de todo. Te das cuenta de que tienes muchas más cosas de las que pensabas, que hagas lo que hagas no puedes llevártelas porque Inglaterra es una Isla y eso tiene sus serias dificultades logísticas. Con nuestra querida Ryanair puedes llevar dos maletas de 15 y 20kg. c/u. (ni un kilo más) a razón de una Libra el kilo, pero desgraciada o afortunadamente, el total de mis pertenencias haciende a más de 35 kilos. Entonces comienza la operación VRT — Vender, Regalar, Tirar …. he aquí nuestra web de venta de cochera.

Etapa 3: El reacomodo.

Las cosas que lograste enviar con tanto esfuerzo y dinero no combinan absolutamente nada con tu casa nueva…. normal, qué tendrá que ver una moderna y austera casa Getafeña con una Victorian House Cambridgense (perdónoseme el gentilicio inventado). ¿Y ahora… qué diablos hago con las cortinas moradas?

Etapa 4: Vuelta a empezar.

Sí, somos nómadas, no tenemos casa propia y probalbemente no la tengamos en algún tiempo, pero la necesidad de comprar y acumular cosas aún es muy poderosa en nosotros, somos como ardillas preparándonos para la llegada del invierno  (reconozco que esta actitud es más predominante en las mujeres) así que, cuando menos acuerdas ya estás otra vez lleno de muebles de Ikea y sólo te das cuenta de tu grado de consumismo cuando ves una habitación de la casa llena de arriba a abajo de cartones y desperdicios de embalaje. y entonces piensas: soy un homus consumus pero… Joder! Que bonito sofá tengo!

Odio la rutina. Adoro las costumbres.

Es un hecho consumado que los desempleados siempre nos despertamos tarde.

Salvo algunas escasas y honrosísimas excepciones, cuando uno pasa de la vida laboral al paro, los músculos se relajan de forma abrupta e inmediata y resulta realmente difícil sacar el cuerpo de la cama por las mañanas.

Yo personalmente, declaro tener una fuerza de voluntad semejante a la de un oso perezoso. No es que no tenga ideas y cosas a las que puedo dedicar mi tiempo, es que vencer la fuerza de gravedad que tira del cuerpo hacia su posición horizontal -y de ser posible fetal- requiere de muchos trucos, trampas y a veces drogas -en mi caso todas legales y hasta donde sé benignas-.

Me encanta descubrir estas similitudes con el reino animal. Por ejemplo, en este caso, los osos perezosos necesitan  una rama, un palo al que hacirse, les es imposible desplazarse sin este apoyo. Si se ven obligados a hacerlo, se arrastran lastimosamente, a una lentitud tan exasperante para los espectadores como peligrosa para ellos mismos. Tengo la sensación de que algo muy similar nos pasa a los humanos en la vida moderna, necesitamos de horarios, jefes, compromisos y obligaciones a las que agarrarnos para salir de la cama.

Por qué será que siempre nos estamos quejando de la tiranía de la vida laboral que no nos deja espacio para nada más y luego cuando tenemos horas y horas de tiempo libre somos incapaces de administrarlas efectivamente.  La cantidad de cosas que podríamos hacer  pero… ¿cómo?, ¿por dónde empezar?, ¿de qué rama nos agarramos para no arrastrarnos de esa forma tan desesperanzadora por los días inhábiles mientras llega el siguiente trabajo que nos esclavizará la vida y nos quitará toda posiblidad de ocio sano y constructivo?